Gremios prometen parar el país y Temer busca apurar aprobación de reformas

Las centrales sindicales preparan para el próximo viernes la primera huelga general desde 1996 en rechazo a los dos proyectos más ambiciosos del gobierno: las reformas laboral y jubilatoria.
Las centrales sindicales de Brasil preparan para el próximo viernes la primera huelga general desde 1996 en rechazo a los dos proyectos más ambiciosos del gobierno de Michel Temer para este año, las reformas laboral y jubilatoria, que fueron respaldadas por el Fondo Monetario Internacional como claves para la recuperación económica de la principal economía latinoamericana.
La huelga, a la que convocaron y adhieren centrales sindicales opositoras y oficialistas, busca dar un golpe de timón al proyecto que hoy comienza a votarse en comisión en diputados: la reforma laboral, que pretende flexibilizar la legislación que rige desde 1943, de la época del presidente Getulio Vargas.
Choferes de colectivos, trenes, docentes, médicos y los principales sindicatos industriales anunciaron la adhesión a la huelga general, liderada por la Central Única de Trabajadores (CUT), la mayor del país que está vinculada al opositor Partido de los Trabajadores.
Pero también Fuerza Sindical, del diputado Paulo Pereira, un aliado de Temer, adhiere “apenas para buscar una señal de negociación” frente a los proyectos de reformas jubilatoria y laboral.
El sindicato de aeronavegantes votó anoche en asamblea que se declara en “estado de huelga” en San Pablo, Campinas, Rio de Janeiro, Porto Alegre y Brasilia, con lo cual puede verse afectado el servicio de vuelos el próximo viernes.
La comisión especial de reforma laboral inició hoy la lectura del parecer del diputado instructor de la materia, Rogerio Marinho, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.
Uno de los puntos más importantes de la reforma es que no exista más negociación colectiva entre sindicatos y empresas y sí directamente entre patrones y empleados.
Otro punto que flexilibiliza la normativa es la implementación de reducción de jornada, algo que es clave para los aeronavegantes, que alertaron sobre que podrán ser suspendidos sin cobrar, por ejemplo, en temporada baja.
El proyecto autoriza al empleador a dividir los 30 días de vacaciones que rigen en Brasil en tres veces, reduce un 50% la multa por despido sin causa y elimina la figura del seguro de desempleo que paga el Estado vía aportes patronales, que actualmente tiene un máximo de 1.700 dólares divididos en cuatro cuotas.
La reforma jubilatoria “no puede ser más negociada”, dijo Temer el domingo pasado al reunirse con senadores y diputados de la base oficialista, luego de los retrocesos que aceptó el ministro de economía, Henrique Meirelles, que alerta que el sistema colapsará en la próxima década sin una modificación en las pensiones.
El gobierno espera ahorrar 135.000 millones de dólares hasta 2025 con esta nueva versión de la reforma jubilatoria.
Tras las protestas del pasado 7 de abril, que paralizaron las grandes ciudades del país y la presión popular hacia los senadores y diputados, el proyecto inicial de que iba ser obligatorio aportar por 49 años para cobrar la jubilación integral se redujo a 40 años.
También bajó de 65 a 62 años de edad la exigencia de aportes para las mujeres.
El régimen actual exige 30 años de aportes para las mujeres y 35 a los hombres.
La oposición sostiene que el sistema no está colapsado y que modificar la ley laboral y fomentar el trabajo autónomo vaciará las arcas del sistema jubilatorio y fomentará automáticamente los seguros de retiro ofrecidos por los bancos en forma unilateral.
El proyecto de Temer es visto por el FMI como “imperativo” para salir de la peor recesión de la historia, luego de que la economía cayera 3,8% en 2015 y 3,6% en 2016.

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