19 octubre, 2017

La reina Isabel autoriza el Brexit y Londres avisa que no habrá referéndum en Escocia

La monarca dio su “consentimiento real” que autoriza al gobierno a iniciar el proceso de divorcio con la UE. Theresa May dijo en tanto que no es momento de una segunda consulta escocesa.
La reina Isabel firmó el consentimiento real para lanzar el artículo 50 que inicia el Brexit, el mismo día que la primera ministra británica Theresa May rechazó formalmente el calendario de su colega, Nicola Sturgeon para convocar un segundo referéndum en Escocia. ”No es el tiempo ahora”, fue la respuesta de May a Sturgeon, que había propuesto una nueva consulta por la independencia de Escocia “entre el otoño europeo del 2018 y la primavera del 2019”.
El rechazo al referéndum escocés va a escalar una guerra personal entre las dos mujeres más poderosas del Reino Unido. La pro europea Sturgeon dijo que había habido posibilidades de negociación con May sobre una salida para Escocia. Pero que ella se había encontrado “ con una pared de ladrillos” cuando lo intentó y la acusó de ”no escuchar a Escocia”. Muy debilitada por el anuncio el día que el Parlamento votaba el artículo 50 , en medio de una rebelión Tory, la conservadora Theresa May le imputó “estar jugando con la política”.
“Ahora es el momento de trabajar juntos, no separarnos”, proclamó la primera ministra conservadora May, que no ha dicho una palabra de cómo será el Brexit, excepto vaguedades. ”Nosotros deberíamos trabajar juntas para un buen acuerdo para Escocia, para un buen acuerdo con Gran Bretaña, como yo digo que este es mi trabajo como primera ministra y por esa razón yo le digo al SNP: ”Ahora no es el tiempo”, dijo la primera ministra Theresa May.
El lenguaje de May fue cuidado. “Ahora” no significa nunca. Ella no mencionó la posibilidad de no hacer nunca un segundo referéndum. Escocia no quiere abandonar el mercado único europeo y está dispuesta- como transición a volver a la UE tras el Brexit – a ser parte del mismo status que hoy mantiene Noruega y Lietchestein con Europa.
La primera ministra escocesa Nicola Sturgeon le respondió por Twitter a May. Ella no estaba proponiendo un referéndum en Escocia ahora sino “cuando los términos del Brexit sean claros”. Dijo que cuando “los Tories rechazan un calendario para otro referendum, ellos efectivamente están bloqueando el derecho de Escocia a elegir cuando el Brexit se vuelva claro”.
“Esto va a ser un situación no democrática porque el gobierno escocés tiene un claro mandato y prueba positivamente que los Tories temen el veredicto de la gente de Escocia”, escribió Sturgeon.
La primera ministra Nicola Sturgeon va a solicitar al parlamento escocés la semana próxima poder mantener “discusiones abiertas sobre un segundo referendum” con Theresa May. Pero necesita la autorización de la primera ministra británica para convocar a un voto.
En este contexto, el Parlamento escocés puede ordenar un referéndum por la independencia. Pero, al igual que el referéndum del Brexit en Gran Bretaña, no sería legalmente obligatorio de cumplir su resultado y solo podría considerado una referencia a la hora de una decisión. Aunque ya ha abierto una monumental crisis constitucional entre Escocia y Gran Bretaña, unida por 400 años de historia, que podría ser desafiada en la Corte Suprema también. Justo cuando los nacionalistas escoceses han convocado este fin de semana la conferencia partidaria.
La primera ministra es libre ahora de lanzar el divorcio con Europa cuando quiera después de la firma de consentimiento de la soberana y jefa de Estado británica. Luego de un turbulento paso del artículo 50 por la Cámara de los Lores, una rebelión sofocada con vagas promesas de un debate final sobre el Brexit -pero que no ha quedado registrado en ninguna parte legalmente- y la decisión final del gobierno de Escocia de lanzar un referéndum que -al menos oficialmente- debe aceptar el gobierno británico, Theresa May va a lanzar el Brexit en medio de una grave crisis constitucional con Escocia y enorme desconfianza mutua. Una situación que inquieta a la Corte de St. James porque la reina es soberana en ambos reinos.
Hasta ahora, May prometió oficialmente lanzar el Brexit “antes de fin mes”. Pero su ventana para ese lanzamiento es pequeña. No podía influenciar las elecciones holandesas y debió cancelar su anuncio el martes pasado. Un día antes Nicola Sturgeon la desestabilizó políticamente, al emboscarla con el anuncio del referéndum en Escocia. Ahora tiene enfrente otro problema: las celebraciones de los 60 años de Europa en Italia. Si lanza el Brexit entonces, va a enfurecer aún más a los líderes europeos. Ellos ya habían guardado el 6 de abril para discutir en el Consejo de Europa un Brexit que aún no ha sido detonado ni nadie sabe exactamente que día lo hará. Todos están cansados en Bruselas de Gran Bretaña y las gaffes diplomáticas de May.
Con la certeza que Gran Bretaña se encamina a un “Hard Brexit” y el partido conservador profundamente dividido entre pro europeos, cautelosos de los efectos económicos que el experimento puede traer en años de proteccionismo, y euroescépticos furiosos, la primera ministra ha dicho que será un “momento definitorio”. Frente a ella tiene dos años amargos y sangrientos de negociaciones, que seguramente van a involucrar una elección general para poder ratificar su mandato. Theresa May llegó a Downing St. y al poder nunca fue votada como candidata a primera ministra.
Con estos inconvenientes y tardanzas para su lanzamiento, la perspectiva es que el Brexit sea postergado hasta junio en su tratamiento por la Unión Europea. Antes está Pascuas y después, el receso parlamentario.
Ha sido la peor semana política para el gobierno británico desde el Brexit. David Davis, secretario del Brexit, fue forzado a admitir que su departamento “no ha hecho una evaluación de las implicancias económicas” que tendría para el reino si la Unión Europea y Gran Bretaña no consiguen ponerse de acuerdo, tras dos años de negociaciones.
Una buena parte de los euroescépticos, liderados por Lord Lawson, ex Chancellor de las finanzas y profundo euroescéptico, se inclinan por creer que Gran Bretaña se va a retirar abruptamente sin acuerdos de las negociaciones con la Unión Europea antes que firmar “un mal acuerdo”.
Esa es también la frase de Theresa May: “mejor irse sin acuerdo antes que con un mal acuerdo”. Dos opciones que muestran hasta donde el gobierno de la primera ministra Tory y su pequeña mayoría parlamentaria está partido en torno a Europa, el divorcio y sus consecuencias a mediano y largo plazo para el país. Es un gabinete y un partido implosionado sobre el futuro del Brexit, el que puede ir a una elección general. Aunque el laborismo no sea una alternativa de poder ante el convulsionado liderazgo de Jeremy Corbyn para ellos.

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